Entrevista | Guiso | Lanzamiento

Guiso: “En Chile tiene que haber una revolución francesa”

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Por Mauricio Aravena
Fotos: Archivo Guiso

“Por los años 50 – me comenta Alejandro Gómez, voz y guitarra de Guiso– este sector era el antiguo Barrio Alto de Santiago”. Claro, no podría ser menos. En pleno Providencia, a pasos de Parque Bustamente está la “bati-mega-cueva” de Algo Records: una enorme casa que encapsula todo el proceso creativo de la banda; con una Toyotomi de por medio, una SNES para el entretenimiento y la grata compañía de Marcela Vázquez (colaboradora de Perrosky) moviéndose de un lado a otro. Grato ambiente.

Infaltables los músicos entrando y saliendo, abriendo cajas para sacar discos que servirán en un video clip que trabajan en uno de los estudios al fondo de la guarida; o simplemente pidiendo fuego para relajarse un rato. Movimiento inquieto y constante existe en la cueva poco secreta de la banda que, ad portas de lanzar su cuarto LP, ya saborea su estilo: extra large, bien comprimido pero con sello propio. Porque esa es la tónica de “Guiso” el primer disco homónimo del cuarteto integrado por Bernardita Martínez, Álvaro Guerra y los hermanos Gómez (Alejandro y Álvaro), con los cuales nos acomodamos para conversar.

¿Cómo fue todo el proceso de creación y grabación en este nuevo disco?

Álvaro Gómez: Fue bien rápido. Como que las ochos canciones las grabamos en un período de tiempo muy corto. Distinto al anterior (Es difícil hacer cosas fáciles – 2007) que fue lo primero que hicimos en digital; y me acuerdo que tuvimos muchos problemas con el computador cachai, como que se murió. Incluso estuvo guardado como ¿seis meses?

Alejandro Gómez: Son diferentes procesos de trabajo entre uno disco y otro. Tienen diferentes densidades y se refleja con lo que estaba sucediendo en la banda, no sé, por x situación. Pero como te digo, en Guiso trabajamos relativamente rápido; ya no existía la autoproducción, proceso que aprendimos con el tiempo. Aquí contamos con Pablo Giadach (Casino) como productor y estuvimos mucho más relajados.

Proceso nuevo para ustedes, pensando que el rol de “productor” dentro del mercado indie no es muy habitual.

Alejandro: Antiguamente existía más el productor dentro de un disco. Ahora no tanto y menos en toda esta movida independiente en la cual nos desenvolvemos. No se ocupa mucho o no hay mucha gente que tenga un conocimiento tan grande: saber de música, ser sensible auditivamente, cachar de instrumentos, micrófonos, formas de grabar; si no que se utiliza mucho más el instinto y Pablo tenía eso. Decidimos trabajar con él por lo mismo. Claro, existen muchas cosas afines, lo vemos siempre, nos ha visto en vivo y todo ese tipo de cosas que ayudan para que una persona pueda hacerse cargo de una pega así. Nos distribuimos mejor. Él supo bien lo que queríamos reflejar.

Álvaro: Fue mucho más segmentada la grabación y Pablo aportó una visión extra en ella. Ahora en el proceso, viéndolo como músico, uno tiene una ansiedad por sacar lo más rápidamente la cuestión. No te preocupai tanto de la mezcla ni la postproducción porque uno está ansioso. Ahora, contar con alguien que se dedique a eso, uno se relaja más y se concentra en lo que toca, que en lo demás. Claramente nosotros no hacemos algo así como rock pop para las radios, por eso la duración de los temas.

Creo que es un lujo para cualquier banda, hacer un disco con las características que tiene el suyo, en donde lo que se prima no es lo radial (respecto a la duración promedio de las canciones) como lo haría cualquier grupo que no tiene el rodaje propio de Guiso; si no que tener pocas canciones (ocho en total) y bueno, hacer lo que a ustedes les gusta.

Álvaro: Para nosotros, la gracia de este trabajo pasa por la frescura y como bien dices, no estamos ni ahí con la radio. Hicimos las canciones todas en el mismo período y fue rápido en su resolución. Quedamos contentos con eso. Logramos madurar el sonido y sentir que la música es propia de la banda. hicimos un tipo de canción que ahora podemos decir que es bien nuestra. Queremos que las personas cuando lo escuchen lo distingan como “ah, es Guiso”; tanto por sus guitarras cachai, como la batería. Es más bien rock desordenado. Somos nosotros po, ahora podemos decir que somos Guiso, cerrando una etapa y enfrentando una nueva con un sello en lo musical.

Alejandro: Canalizamos la rabia de otra manera. Cachamos para donde tirar en lo musical y maduramos. Grabamos a la antigua, de una y fue mucho más cómodo. Al principio, de hecho empezamos con “Algo records” y haciendo nuestros propios discos y con Guiso empezamos a experimentar. Pintábamos con spray los discos, se vendían y a la gente le llamaba la atención. Incluso fuimos la primera banda underground que tuvo tanta media, porque veían que la música que hacíamos estaba a la par con lo que estaba pasando en el primer mundo. Con el paso del tiempo hemos tomados diferentes caminos y nos dimos el lujo para hacer lo que queríamos.

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Hay dos temas que inclinan la balanza y muestran ese grado de madurez. Se escapan de estas ocho canciones y son como una isla. Pasa con “Guiso” y “Sónicamente hablando”

Álvaro: El tema “Guiso” es de hace mucho tiempo, como del 99 ó 2000, por ahí; cuando recién nos habíamos puesto el nombre. En ese entonces la hacíamos con guitarra de palo. La tocábamos de repente, para versiones acústicas; incluso estuvo perdida por harto tiempo hasta que la encontramos y la adaptamos en el formato eléctrico. Funcionó. Es más, va ser el primer sencillo del disco.

Igual creo que tiene un poco de nostalgia rescatar un tema que se hizo en el inicio de la banda e incluirlo ahora en el trabajo con el cual ustedes se quieren consolidar

Alejandro: Igual nos encontramos con canciones que no valían la pena grabarlas, pero siempre es bueno buscar en la basura (risas)

Desde marzo que vienen presentando este nuevo trabajo en vivo, con tocatas en Santiago y posteriormente la segunda gira por Brasil…

Álvaro: Grabamos, nos pilló el verano y seguimos trabajando en la mezcla; luego vino marzo y quisimos soltar la mano con los temas nuevos. Después nos fuimos a calentar a Brasil. Es otro público, no hay tanto prejuicio, otra onda. Lo que pasa es que el brasilero de por sí no toma tanto, entonces puedes tocar a las tres de la tarde y la gente no va estar “guaaaaaa”: en esos casos, aquí por lo menos, tú no sabes sí la reacción es porque encuentran buenas las canciones o están dados vueltas; en cambio en Brasil el hueón es más entusiasta, se toma una cerveza y disfruta.

¿Este viaje salió por cuenta de ustedes?

Álvaro: Fue todo muy fortuito. El 2005 conocimos a “Autoramas” (banda brasilera) cuando vinieron a tocar acá, los trajo un productor y nos preguntó si queríamos participar con ellos. Al vocalista (Gabriel Thomaz) le llamó la atención nuestro flyer y particularmente que cantáramos en español: lo que pasa es que allá el 80% de las bandas de rock canta en inglés y solamente el 20% en portugués; entonces le gustó nuestra música en castellano y nos preguntó si queríamos ir a su país. Desde ahí todo fluyó más que nada por la amistad.

Alejandro: Claro, él viajó con nosotros y las hizo como de “tour manager”. Eso si con esta gira no ganamos ni un peso, pero tampoco gastamos tanto: todo lo que era pasaje, estadía y los lugares en donde tocamos pasó por él. El hecho de que en todos los locales tuvieran back-line, amplificadores, fue otra cosa para nosotros. Incluso en esta oportunidad no giramos con “Autoramas”, pero igual él nos acompañó en todo momento. Es que allá es como nuestro “Eddie Pistolas”: todo el mundo lo conoce.

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¿Cómo salió lo de hacer un tema para Entel?

Álvaro: ¿Cómo supiste eso? (risas). No, en realidad no lo hicimos; nos llamaron y nos pidieron el tema Olé-Olé (del “4+1″ – 2005). Un cabro de la productora se comunicó y nos dijo que si queríamos enviarles un par de canciones; se las mandamos y nunca supimos que era para Entel. Ahora anda a saber tú si la gente cachará que el tema es de nosotros o no…

Alejandro: Después nos dijeron que era para un comercial de la selección chilena y la canción es súper antisistémica, nada que ver con lo que quieren representar…

Álvaro: Claro, ahí nos pidieron que les enviáramos el puro coro porque realmente tiramos mierda para todos lados. Pero nos pareció simpática la situación porque igual pagan bien. Ahora, nunca la canción la hicimos con ese fin.

¿Y si les ofrecieran por ejemplo, hacer un tema para la Teletón?

Alejandro: No, ahí hay mucho compromiso. Te abanderái con algo na que ver. Yo creo que más adelante nadie se va a acordar de ninguna hueá; de hecho salimos en “Bienvenida Realidad” (TVN – 2004/2005) y en la banda sonora de “Angel Negro” (2000) y claro, fueron cosas que tomamos en el camino y ya. Es mucho compromiso. Incluso nos ofrecieron tocar en eventos políticos, como en la campaña de Lagos, pero no pasa na.

Álvaro: Somos apolíticos. Planteamos cosas súper globales, no tenemos una bandera ni negra ni roja. Hay gente que se las da de rockero porque hablan de ese tipo de cosas y la hueá, pero es su volá.

Pero si ahora mismo los llama Ominami…

Alejandro: Ta pelúa la cosa, yo creo que no. Es más, votaría nulo

Álvaro: En Chile tiene que haber una revolución francesa. Le cortaría la cabeza a todo el mundo…
Pero por ejemplo, hace un tiempo un amigo argentino me hablaba de Transantiago y me preguntaba por qué nosotros no habíamos hecho nada, no sé salir a las calles y dejar la cagá. Y no po, la gente anda en la micro con la cabeza agachada. A lo más los pingüinos nos enseñaron que se puede hacer algo, que tenemos derechos cívicos. Es a tan nivel lo chato que están todos, que las personas lo único que quieren es plata y les importa poco lo que pasa arriba.

Alejandro: Te cabrean po hueón. Me pasó que el otro día me estaban cagando con la cuenta del teléfono…

¿De Entel?

Alejandro: Sí po. Igual tuve que llamar para que me atendieran y esperé mucho. Al final te terminaí por rendir. Es tanta burocracia que constantemente te ponen a prueba para aburrirte y no hacer nada. El sistema hueón es así.

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Entrevista | Lanzamiento disco | Disorder.cl

Fernando Milagros: “La técnica, la cosa limpia y sin error, me parece aburrido”

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Por Mauricio Aravena / Fotos: Claudio Santana

Muchos te han catalogado que haces música folk. Por lo mismo rescato una frase que saqué de una entrevista, en donde aclaraste que hacías más que nada cosas circunstanciales; eso sí más ligado al pop-rock que al folk

Es que son canciones en el fondo. No tengo el ánimo de buscar un sonido a priori. El sonido nació a partir de lo que había y lo que sé hacer. No pensé hacer algo parecido al folk. Pero no es más que “está en boga hoy en día y hay que aprovecharse de eso”. Tiene que ver con lo que la gente quiere consumir, así como los tipos de mantequilla o tallarines que hay, la gente determina que lo que hago es folk y lo consumen. Eso sí me considero más cercano al pop. Repetir un coro y una estrofa tres veces en las canciones, es lo que hay en el disco. El pop para mí es más textura que forma, hay un esqueleto. Es súper difícil igual, estoy en una búsqueda más que nada. Es que el arte para el artista es una lata, como el teatro para los actores o la música para los músicos; por lo mismo creo que uno hace esto para el público, que le llegue a la gente.

Grabar un disco para nadie es fácil, sobre todo vivir en el período cuando compones y lo montas ¿Cómo fue tu experiencia?

Nos ganamos el fondo de la música y con eso tuvimos un sueldo para grabar el disco. Le dimos el tiempo de un trabajo real y profesionalizamos la pega. Fue bien especial porque lo hicimos por etapa: en la primera hice unas maquetas de las canciones que iban a ir, esto para presentarlo y ganarme el fondo. Después cuando estuvimos listos, compartimos el tiempo en el ensayo, terminar de sacar y componer cosas, arreglar otras. No fue tanto de “encierro” el trabajo sino mucho más distendido al disco anterior. Igual el año pasado estaba lleno de cosas, harta pega de teatro y tuve que hacer calzar el horario. Aquí no.

Cristóbal Carvajal (Holden) cumplió en tu disco un rol que poco se ve en el mercado chileno: productor musical. ¿Cómo fue la experiencia?

Yo entendía de antes lo que era el trabajo de un productor musical, pero cuando trabajé con el Cristóbal me di cuenta lo necesario que resulta tener a ese personaje en el proceso de un disco. Uno como que siempre se auto produce, no cacha mucho; piensa si te van a cobrar muy caro, no sé, se pasa rollos. Pero es súper importante: le dio los matices necesarios para que el trabajo tuviera unos colores mas sofisticados, unas pinceladas que sirvieron para sacar el sonido de un casillero. Tienen varios elementos que suman. Existen cambios de estructuras que te sirven: habían temas de 8 mins y él los compactaba. Otras veces Cristobal me proponía cosas y yo lo miraba y decia “que raro igual, pero vamos”. Y salían, y te dai cuenta que funcionan y todo. Fue un hallazgo. No sé que pasa en nuestro país, probablemente al ser muy pobre el mercado local no existe el productor musical como tal. Deberían existir todo el rato productores. Súper buena la dupla.

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¿Cuántos temas grabaste para “Por su atención, gracias”?

Fueron 14 temas en total. Dos se fueron para la casa porque estaban demás. Las grabamos y no pasó mucho. Ni me acuerdo donde están.

Muchos músicos comparan sacar un disco con vivir un parto ¿Tú lo ves igual?

Fue un parto, pero sería mal agradecido si dijera: “oh fue una experiencia terrible”. Al contrario, han sido más las satisfacciones. Lo pasé bien. Conocí mucha gente excepcional gracias a él. Cuando estuve mezclando en el estudio del Chalo González, el hueón se embaló ene con el disco. Incluso nos demoramos más de lo presupuestado y él ningún problema, prefería que quedara la raja. Se dio cuenta que había buen material y me dijo: “es un disco de los que ya no se hacen”. Nos preocupamos de cosas que ya nadie toma en cuenta, no sé, juguetitos que suenan. Por ejemplo, una propuesta del Chalo fue panear todos los instrumentos, onda The Doors. Hay dos guitarras a cada lado y es para escucharlo en audífonos, con texturas. No es un disco comprimible, como por ejemplo el último de Oasis.

Por ahí dijiste que no te hubiera gustado estudiar música, ¿Sigues pensando lo mismo?

Me interesa igual. Tomar clases de piano, investigar de la música. Ahora estoy aprendiendo con el mandolino. Aunque igual me pesó un poco, pero no me di cuenta. No sé en verdad. Es bonito ver a la gente que no maneja tanto la técnica soluciona las cosas: por ejemplo me interesa ver lo que hace el Chino de Jimminelson. Creció escuchando “Snoop Dogg” y no cachaba nada de batería. No sabe tocar guitarra y no tiene idea de nada más que del hip-hop. Con el Gustavo son muy amigos y se juntaban a tocar, en donde le enseñaban como tomar las baquetas. Es bonito, porque el instrumento no le pertenece y toca como nadie podría hacerlo. En verdad, siempre mis soluciones no tienen nada que ver con la academia. Siempre he tenido como un rechazo con la técnica, a la cosa limpia y sin mayor error; me parece aburrido. Prefiero los fenómenos sencillos, el equivocarse, escuchar y entender que en tal canción son tres acordes y sacarlos. Eso. Un amigo me dio un consejo que uno tiene que saber la esencia de las cosas, bajas un manual y aprendes. Tratar de hacer, las limitaciones de uno, las fortalezas.

Entonces, ¿cuáles son las fortalezas y limitaciones del disco?

Las fortalezas del disco están en las melodías. Las puede escuchar cualquier persona, desde un cabro chico hasta un anciano. Encontré melodías súper básicas y que encajan bien en las canciones, eso puede ser una gran virtud. Que se te queden pegadas, eso me parece súper bonito. Logrado. Las limitaciones son técnicas, como de indagar en cosas que no tengo idea como se tocan. Son etapas, uno va a aprendiendo en el camino.

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Entrevista | Sensorama | Retrato de un desconocido


Dosis diarias de Sensorama


Por Mauricio Aravena / Fotos: Quadrafobia Producciones  y Santiago Figueroa

Grabar un disco en el estudio de tu casa, cuando el “estudio” es una pieza que se tiene que adecuar para el trabajo, en donde los paneles que tapan las ventanas y los micrófonos a tubo -además de unos computadores y todo lo necesario-, aumentan los grados de la temperatura en cualquier época del año, es una tarea  incómoda pero necesaria. Rafael Casanova (Sensorama) lo hizo así, con muchos cigarros  de por medio y con las ideas muy claras en su cabeza, grabó cada uno de los instrumentos que aparecen en su disco debut “Retrato de un desconocido”. Anteriormente había lanzado un EP de cuatro canciones que fue publicado en Internet para ver qué pasaba.

Y algo pasó. Eso sí, antes de iniciar cualquier tipo de proyecto, tuvo que solucionar un pequeño problema: su insomnio. Un cóctel de pastillas pasó a ser su dosis necesaria. No es que no duerma, solo que le cuesta dejar de pensar. Y se aburre, vuelve a fumar; alrededor de una cajetilla al día. Para un músico independiente, que vende sus discos por mail, en donde se junta con los compradores en la estación Escuela Militar, cuesta gastar luca diaria. Luca menos para pagar las deudas que le dejó grabar lo que promociona hoy;  luca menos para su entrada a Radiohead; luca menos que quizás mañana necesitará para montar su show en vivo. Sensorama lo tiene claro, tanto así que todo lo que ha vivido es una película constante que pasa por su cabeza, representándolo en pequeñas bandas sonoras hechas para caminar, correr, mirar o dormir: “música instrumental y de cámara. Contemporánea. Otra volá”, declara tajante.

¿Cómo es tu proceso mental antes de grabar y componer?

- Mi música no es intencionada. Yo no planteo una idea o una sensación antes de componer; no digo “este tema va a tratar de tal cosa”. Es algo que se da. Puede ser que sean canciones de amor; o puede que no. Yo no sé qué hice. Por una parte uno piensa en su rollo y generalmente, cuando estoy componiendo, siempre estoy pensando en otras cosas. Es ahí cuando acciono mi piloto automático. En ningún caso es música conceptual. Simplemente trata de nada.

¿Entonces de qué forma le pones un nombre a una canción?

- Es bien surreal el asunto de los nombres. Generalmente los nombres son un juego de palabras que se me ocurren en cualquier momento, y las acumulo. En ciertos momentos asocio lo que compongo con esas palabras. No lo hago de forma intencional. Apareció simplemente. No es una película que me paso por la cabeza, sino que son miles. Es muy rara la vez que me quedé pegado en una. Todos los temas se involucran. Un llamado de teléfono puede cambiar mi estado de ánimo. Mi música está llena de contradicciones que me cuesta explicar verbalmente, por el hecho de que no tengo las ideas claras en el mensaje que quiero transmitir. No me resulta atrayente tener una idea fija; el resultado sale muy predecible y a la vista. Me carga. Para mí no va a tener ninguna retribución.

¿Existe una contradicción en que hagas música para tí y la publiques?

- Obvio que lo existe, pero lo encuentro súper válido. El punto es publicarlo y mostrarlo. Para mí fue un paso importante. Imagínate que postulé tres veces al FONDART y nunca me lo gané. Frustrante. Ahí fue cuando un amigo me dijo: “pico con el FONDART y publícalo tú”. Me hice el MySpace, se dio bien el asunto y saqué un EP. Ya con ese trabajo se rompe la barrera de este espacio (su estudio), en donde todo estaba acá.  La idea de postular era bien ficticia. Ganarse ese fondo es ficción. Al final yo creo que el ciclo se completa cuando la gente lo escucha, porque básicamente cuando uno compone, se tiene como objetivo el mundo real. Si tú te inspiras en lo que te pasa, de cierta forma estás involucrando a mucha gente que ni siquiera conoces; y los ocupas como herramienta. Es por eso que yo devuelvo ese favor entregando mi trabajo al público.

¿Y el elepé en qué momento se origina?

- Después de que la gente compró el EP, juntándome con ellos en Escuela Militar y vendiéndolo a tres mil quinientos, se cumple el objetivo que tuve en un comienzo: vender música instrumental. Incluso muchos metaleros han comprado  mi trabajo. No tengo idea por qué. Se dieron las cosas como esperaba que se dieran y ahí nace la idea del disco.

Sensaciones en vivo

¿Por qué aún no trasladas tu trabajo a un show?

- Es un tema. Es algo que no he podido hacer, pero tampoco siento esa presión del convencionalismo de grabar el disco y salir a tocar. Una banda se puede disolver en cualquier momento y como yo me voy a dedicar a la música de por vida, no es algo que lo necesite con urgencia. Pude haber tomado la decisión hace rato de haber tocado en vivo, pero me limitaba a grabar el disco. Aparte que tocarlo igual a la grabación es imposible, a menos que tengas mucha plata. Traté un par de veces pero no resultó. Los temas salían forzados, sonaban pésimo. En un momento me dije: “si voy a mostrar esto, mejor me lo guardo”. Ahora último encontré una solución viable para el show, que pienso depurar durante el verano: lo que tengo previsto es tocar, acompañado de un bajista y que además toque guitarra. Sin batería.

Pero una cosa es la puesta en escena y el sonido ¿dónde queda la pega que hace uno cuando escucha tu disco, en donde las imágenes y la interpretación pasan por la cabeza y no por tí?

- También es un tema pero que se me escapa de las manos. No podría pagarle a un diseñador para que me arme unas visuales. Tampoco pienso tocar simplemente con unas luces de colores. Tendré que apelar a la buena onda nomás. El punto es que definitivamente los temas no se van a tocar como están en el disco. No van a tener todos los arreglos, pero van a ser un poco más electrónico. Quizás tirado a la improvisación. La idea es que se haga simple pero que mantenga la esencia de las canciones. Igual sería dejado decir:”no estoy ni ahí con tocar en vivo”, pero no es mi prioridad. No me pasa lo mismo que a un cantautor o a un personaje de música electrónica, que llega y se para arriba de un escenario. No po, lo mío es distinto.

Test de calidad

¿Cómo defines qué tema queda en el disco y cuál no?

- Me gusta fumarme un caño y cachar qué onda con la canción. Es una prueba de fuego. Cuando estai volado te desligas de tu faceta como compositor y te pones en el rol de auditor. Ahí uno se fija que cosas te gustan y cuales no. Hay temas que no han quedado por lo mismo. Ahora más allá de yerba no paso. Igual he estado metido en otras cosas, un poco más duras pero fue un período que cerré. Lo hacía más que nada para carretear. Por eso me quedé con la hierba. Aparte que tomo muchos remedios para distintas cosas, entonces como que todo me influye, pero filo. Lo que sí usualmente hago cuando compongo, es sacar una botella de algo y me relajo. Es más ameno.

- A todo esto, cuando estaba listo el master, lo escuché varias veces volado y es feo decirlo, pero puta está la raja el disco. Y de corrido. Es absolutamente distinto escucharlo saltándose los tracks. Eso podría estar en la carátula del álbum como recomendación: escúchelo volado, continuado y con audífonos.

Link: Sensorama 19-81 | Descarga “Retrato de un desconocido”

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Video | Emmanuel Horvilleur | Mordisco (08)

Emmanuel Horvilleur - Llamame

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Reseña | Teleradio Donoso | Lanzamiento Bailar y Llorar


Let’s Dance: Teleradio Donoso 2.0

Teleradio Donoso lanzó su segundo disco, “Bailar y Llorar”, en el galpón Víctor Jara. La expectativa era alta. Y no era para menos: pocos shows desde su lanzamiento y un par de hits que ya se acurrucan con fuerza en las radios. El show de Teleradio tiene mucho de bailar, y la dosis justa dellorar. En resumen: un espectáculo que no tiene nada que envidiar a los importados. Pantallas,visuales y una interpretación de lujo. No por nada, Bailar y Llorar ya suena como uno de los mejores discos chilenos del año. Aquí la reseña de rigor y las fotos necesarias.

Por Mauricio Aravena / Fotos: Rosario Oddo

Virgina y Maxi estaban sentados en “El Café +” (Brasil esquina con Huérfanos), mientras tomaban una Gran Torobayo, conversando sobre la larga noche que les esperaba; ya con una tocata en el cuerpo reposaban a la espera de la segunda (la primera de ellas comenzó puntualmente a las 22:00 hrs, en tanto la segunda dio su bit inicial a las 00:30 de la noche). Virgina y Maxi fueron parte de los tres bronces que tuvo Alex & Cia en el lanzamiento en vivo de su segundo disco “Bailar y Llorar”. Antes de que comenzara la función, la estadística entregaba el siguiente dato: las tocatas serán para bailar más que llorar. Se apostó y se ganó. Después solo quedó cobrar con la fiesta post show.

Por sobre los 100 bpm en el sonido, con cinco músicos sobre el escenario -Nacho Aedo de “Adríanigual” en el bajo, más la constante participación de Marcos Mesa de “Cómo asesinar a Felipes” en el teclado- y las acertadas visuales pop que ambientaban el Galpón Víctor Jara, marcaron el retorno pistero de Teleradio 2.0. La apuesta desde un comienzo se respiró distinta, trabajada, con un esfuerzo mayor de entregar un show que marcara un trascendente en la banda más importante del 2007. Es que luego de la salida de Cristóbal Fredes como bajista, la cual ocurrió en paralelo al lanzamiento para la venta de este nuevo trabajo, el pasado 10 de septiembre; la cosa quizás se veía confusa en cuanto a la apuesta en vivo. Por ese entonces sólo dos tocatas realizaron (Open Blondie y SCD Plaza Vespucio); y en pause quedó el show oficial del “Bailar…”.

Expectativas habían sobre lo que se vivió el sábado 13 en el Barrio Brasil, sobre todo en el cómo se iba a enfrentar y manejar un disco que se caracteriza y sustenta auditivamente por los primeros cinco tracks. Tanto es así que durante todo el show, varios personajes del público pidieron “Amar en el campo”. Consecuencias de tener un hit muy pegajoso en las radios.  En fin, caso omiso hizo la banda a las exigencias de los asistentes y dieron rienda suelta a lo que estaba en estipulado en el setlist.

Con “Bailar y Llorar” se lanzaron los fuegos, continuando con “Cama de clavos” y ese bajo muy a los “Ladies Night” de Kool & The gang; luego fue el turno de  “Eramos todos felices”, entregándole el turno a la renovada versión de “Franz”, la cual contó con una excelente batería por parte de Juan Pablo Wasaff, dándole un aire mucho más dance a la canción; también entraron los tres bronces invitados para la ocasión. Por un momento la imagen representada arriba al escenario se pareció a la de KC & the Sunshine Band: con Alex Andwanter bailando, muy a lo Sandro, y ese vicio vocal de alargar las frases y agregarles un tono diferente. Teleradio Donoso se transformó en una banda de pop pistero pero con un público que miraba, se agitaba y cantaba. El problema está en que aún respiran ese aire under que los acompaña.

El concierto fue in crescendo pero mutando a la vez. “La niñas de la cuadra” continuó, para darle el paso al primero de los primeros: “Pitica”. Para el recuerdo quedó esa guitarra The Strokes que los caracterizó la temporada pasada. El ciclo “onda disco” acabó con “2, 3, 4, 5 6″. Luego las baladas emos se hicieron presentes con una trilogía de aquellas: “Sed de mal”, “Granada” y el ya clásico “Gran Santiago”. Excelente entrada para lo que venía, antes del único bis, “Un día te vas”. Justificada transición, ya que David Bowie y sus músicos se hicieron presente en el Jara: “Let’s Dance” fue la negrita a todo lo que se venía realizando en la noche y recalcó lo que ya se sabía: el baile era la tónica, por eso se pagó la entrada y por eso el público quedó conforme: “Teleradio es la mejor banda pop del momento, hueón” me comentaba David, un personaje que con su ron cola en la mano junto a su compañero de pega, transpiraban viendo el show: “Yo trabajo en la tienda TXT y todos lo días, sin falta, ponemos el disco Bailar y Llorar. Infaltable”.

Break. Sale nuevamente a escena Alex y se da un lujo: toca “Yo no sé nada del mundo” solo, en el piano, con un público ya arriba y esperando seguir con la fiesta. Un lujo porque es la canción que más le gusta al vocalista de los Teleradio de todo el disco y es la última del álbum, la que a esa altura del show recalcó que no sólo se baila, sino que también se puede llorar. Cerrando la jornada, los mega éxitos que ya tienen en su repertorio: “Eras mi persona favorita” y “Amar en el campo”. Este último contó con toda la compañía de los asistentes, los cuales saltaron, bailaron y, pacientes, esperaron que de una vez por todas tocaran lo que desde un comienzo estaban pidiendo. Insisto, los Teleradio en esta versión 2.0 se hicieron cargo del peso de contar con una popularidad creciente, que va más allá de las críticas que puedan tener: el esfuerzo por demostrar que no sólo son un par de canciones conocidas, marca una gran diferencia. Y se agradece y también se baila.

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