
No sé muy bien que hago en su casa pero me gusta filmarla, y quizás por eso estoy aquí.
En su viaje a Paris, durante el año pasado, se compró una cámara SUPER 8 como a diez lucas. Y con ella la grabo mientras está sentada en la silla de su computador. Se ve preciosa. Intacta, igual a la mina ideal que siempre traté toparme pero que ahora que lo hago, no me doy cuenta que es. O si me doy cuenta pero no lo quiero reconocer. No me conviene y prefiero que sea así: ella nunca estaría con un tipo como yo. Soy más bajo y me encuentra muy pop.
Ella sonríe, como lo ha hecho siempre, con su boca grande y sus dientes perfectos. Ella sonríe y me gusta más, sobre todo cuando fuma y me mira con sus ojos azules que me dicen no me grabes más. Tal vez, en un futuro no muy lejano –digamos, en un par de días más-, esté durmiendo junto a su cuerpo tendido encima de un colchón, al medio del living, en un departamento del Parque Forestal rezando por asfixiarme con su pelo enredado en mi cuello y a ella, ni siquiera se le pase por la cabeza tocarme. Ni con la punta del dedo. Digo, me paso aquella película mientras grabo una. Mientras se me acaba la cinta y me entero que nunca la tuve, que no existe, que a la larga todo esto es sólo una película, una volá, un texto para un blog.
Ojalá existiera esa estrella de cine casero y así cantarle al oído Amar en el campo. En una de esas se entusiasma y grabamos una secuela.
4 comentarios:
fuma bacán.
Pensé que era más sutil.
ay mi socio. el amor -o algo parecido- y la conchatumadre hueon.
chaito perrito zorro pela llanta pela forro.
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