
En un íntimo Bar Loreto, Perrosky lanzó oficialmente su nuevo disco, Doblando al Español. En él, los hermanos Alejandro y Alvaro Gómez lograron tomar clásicos (desde The Velvet Underground a Hank Williams o Atahuapla Yupanqui) y canciones contemporáneas (de Hielo Negro y Philipina Bitch) parahacerlos sonar a Perrosky, y no al revés. En palabras de Alejandro: “me imagino que es lo que tienen que hacer los traductores de poesía; más que traducir, mantener el sentido de la poesía”. Elrelato y las fotos, acá.
Por Mauricio Aravena / Fotos: Rosario Oddo
Diez y media de la noche y el Bar Loreto (#235) está muerto. La situación no debería ser así: Álvaro Gómez (batería) se pasea nervioso, problemático y fumando. Al sonido algo le pasa, o por lo menos eso se comenta en los pasillos. Mientras tanto, el público comienza a llegar, compra sus tragos en la barra del salón, con música ad-hoc de fondo; a la espera de que estos “perros” -que les dio por doblar al español sus canciones favoritas, mordiendo algunos viejos en el camino- toquen de una vez. Porque claro, los Perrosky se dieron el gusto de grabar con guitarra y batería, más teclado y bajo como invitados, versiones de versiones.
Canciones como “Palisades Park” (escrita por Chuck Barris y grabada por Freddy Cannon) suenan, tanto en el disco como en vivo, a un cover con carácter propio. Tanto es así, que se dieron el gusto de cambiarle el nombre y titularla “La quinta normal”. Es que esa es la tónica de “Doblando al español”, el nuevo trabajo de los hermanos Gómez que los tiene de vuelta en las pistas, con medio de vaso de ron en la boca mientras el local agarra la onda a la espera de salir a escena: es un paso más allá de un disco tributo o un homenaje a los clásicos; toma tintes de propio, auténtico, rodeando lo inédito.

Llamativa es la jugada de incluir en el álbum, y como primer tema de la noche, la canción del juego “Rally x”. El comentario es generalizado: todo el mundo le aclara al mundo de donde viene. La propuesta agrada y toma ritmo con ruido a ladrido. Entre hit y hit, Alejandro suelta los dedos y Álvaro sonríe tanto que se achican aún más sus ojos: se ven relajados, contentos y expectantes.
Los invitados comienzan asomarse y con ello, otro aire se respira en el show. Primero entró Luciano Mariño en el teclado para interpretar “Philipina”; luego fue el turno de Álvaro Catillo en el saxo, con el clásico “Lucille” de Little Richard o “Ricardito” como le pusieron en el disco. Era cosa de moverse un poco para transpirar aún más. Ya para el final, el escenario se llenó: con Gonzalo Planet en el bajo, y el baile exótico y poco erótico de la estupenda Marcela Velásquez en los coros, el tema “Que todos se paren” hizo que el público ya de pie respirara, gritara y por atrás, se atreviera a rockanrolear.
Buena jugada, atrevida mordida pero por sobre todo, un ladrido de aquellos: Perrosky ya sabe que con este disco pueden pasar cosas, es sólo cuestión de bailar. Lo demás, se lo dejan a los clásicos.



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