
Por Mauricio Aravena / Fotos: Quadrafobia Producciones y Santiago Figueroa
Grabar un disco en el estudio de tu casa, cuando el “estudio” es una pieza que se tiene que adecuar para el trabajo, en donde los paneles que tapan las ventanas y los micrófonos a tubo -además de unos computadores y todo lo necesario-, aumentan los grados de la temperatura en cualquier época del año, es una tarea incómoda pero necesaria. Rafael Casanova (Sensorama) lo hizo así, con muchos cigarros de por medio y con las ideas muy claras en su cabeza, grabó cada uno de los instrumentos que aparecen en su disco debut “Retrato de un desconocido”. Anteriormente había lanzado un EP de cuatro canciones que fue publicado en Internet para ver qué pasaba.
Y algo pasó. Eso sí, antes de iniciar cualquier tipo de proyecto, tuvo que solucionar un pequeño problema: su insomnio. Un cóctel de pastillas pasó a ser su dosis necesaria. No es que no duerma, solo que le cuesta dejar de pensar. Y se aburre, vuelve a fumar; alrededor de una cajetilla al día. Para un músico independiente, que vende sus discos por mail, en donde se junta con los compradores en la estación Escuela Militar, cuesta gastar luca diaria. Luca menos para pagar las deudas que le dejó grabar lo que promociona hoy; luca menos para su entrada a Radiohead; luca menos que quizás mañana necesitará para montar su show en vivo. Sensorama lo tiene claro, tanto así que todo lo que ha vivido es una película constante que pasa por su cabeza, representándolo en pequeñas bandas sonoras hechas para caminar, correr, mirar o dormir: “música instrumental y de cámara. Contemporánea. Otra volá”, declara tajante.

¿Cómo es tu proceso mental antes de grabar y componer?
- Mi música no es intencionada. Yo no planteo una idea o una sensación antes de componer; no digo “este tema va a tratar de tal cosa”. Es algo que se da. Puede ser que sean canciones de amor; o puede que no. Yo no sé qué hice. Por una parte uno piensa en su rollo y generalmente, cuando estoy componiendo, siempre estoy pensando en otras cosas. Es ahí cuando acciono mi piloto automático. En ningún caso es música conceptual. Simplemente trata de nada.
¿Entonces de qué forma le pones un nombre a una canción?
- Es bien surreal el asunto de los nombres. Generalmente los nombres son un juego de palabras que se me ocurren en cualquier momento, y las acumulo. En ciertos momentos asocio lo que compongo con esas palabras. No lo hago de forma intencional. Apareció simplemente. No es una película que me paso por la cabeza, sino que son miles. Es muy rara la vez que me quedé pegado en una. Todos los temas se involucran. Un llamado de teléfono puede cambiar mi estado de ánimo. Mi música está llena de contradicciones que me cuesta explicar verbalmente, por el hecho de que no tengo las ideas claras en el mensaje que quiero transmitir. No me resulta atrayente tener una idea fija; el resultado sale muy predecible y a la vista. Me carga. Para mí no va a tener ninguna retribución.
¿Existe una contradicción en que hagas música para tí y la publiques?
- Obvio que lo existe, pero lo encuentro súper válido. El punto es publicarlo y mostrarlo. Para mí fue un paso importante. Imagínate que postulé tres veces al FONDART y nunca me lo gané. Frustrante. Ahí fue cuando un amigo me dijo: “pico con el FONDART y publícalo tú”. Me hice el MySpace, se dio bien el asunto y saqué un EP. Ya con ese trabajo se rompe la barrera de este espacio (su estudio), en donde todo estaba acá. La idea de postular era bien ficticia. Ganarse ese fondo es ficción. Al final yo creo que el ciclo se completa cuando la gente lo escucha, porque básicamente cuando uno compone, se tiene como objetivo el mundo real. Si tú te inspiras en lo que te pasa, de cierta forma estás involucrando a mucha gente que ni siquiera conoces; y los ocupas como herramienta. Es por eso que yo devuelvo ese favor entregando mi trabajo al público.
¿Y el elepé en qué momento se origina?
- Después de que la gente compró el EP, juntándome con ellos en Escuela Militar y vendiéndolo a tres mil quinientos, se cumple el objetivo que tuve en un comienzo: vender música instrumental. Incluso muchos metaleros han comprado mi trabajo. No tengo idea por qué. Se dieron las cosas como esperaba que se dieran y ahí nace la idea del disco.

Sensaciones en vivo
¿Por qué aún no trasladas tu trabajo a un show?
- Es un tema. Es algo que no he podido hacer, pero tampoco siento esa presión del convencionalismo de grabar el disco y salir a tocar. Una banda se puede disolver en cualquier momento y como yo me voy a dedicar a la música de por vida, no es algo que lo necesite con urgencia. Pude haber tomado la decisión hace rato de haber tocado en vivo, pero me limitaba a grabar el disco. Aparte que tocarlo igual a la grabación es imposible, a menos que tengas mucha plata. Traté un par de veces pero no resultó. Los temas salían forzados, sonaban pésimo. En un momento me dije: “si voy a mostrar esto, mejor me lo guardo”. Ahora último encontré una solución viable para el show, que pienso depurar durante el verano: lo que tengo previsto es tocar, acompañado de un bajista y que además toque guitarra. Sin batería.
Pero una cosa es la puesta en escena y el sonido ¿dónde queda la pega que hace uno cuando escucha tu disco, en donde las imágenes y la interpretación pasan por la cabeza y no por tí?
- También es un tema pero que se me escapa de las manos. No podría pagarle a un diseñador para que me arme unas visuales. Tampoco pienso tocar simplemente con unas luces de colores. Tendré que apelar a la buena onda nomás. El punto es que definitivamente los temas no se van a tocar como están en el disco. No van a tener todos los arreglos, pero van a ser un poco más electrónico. Quizás tirado a la improvisación. La idea es que se haga simple pero que mantenga la esencia de las canciones. Igual sería dejado decir:”no estoy ni ahí con tocar en vivo”, pero no es mi prioridad. No me pasa lo mismo que a un cantautor o a un personaje de música electrónica, que llega y se para arriba de un escenario. No po, lo mío es distinto.

Test de calidad
¿Cómo defines qué tema queda en el disco y cuál no?
- Me gusta fumarme un caño y cachar qué onda con la canción. Es una prueba de fuego. Cuando estai volado te desligas de tu faceta como compositor y te pones en el rol de auditor. Ahí uno se fija que cosas te gustan y cuales no. Hay temas que no han quedado por lo mismo. Ahora más allá de yerba no paso. Igual he estado metido en otras cosas, un poco más duras pero fue un período que cerré. Lo hacía más que nada para carretear. Por eso me quedé con la hierba. Aparte que tomo muchos remedios para distintas cosas, entonces como que todo me influye, pero filo. Lo que sí usualmente hago cuando compongo, es sacar una botella de algo y me relajo. Es más ameno.
- A todo esto, cuando estaba listo el master, lo escuché varias veces volado y es feo decirlo, pero puta está la raja el disco. Y de corrido. Es absolutamente distinto escucharlo saltándose los tracks. Eso podría estar en la carátula del álbum como recomendación: escúchelo volado, continuado y con audífonos.
Link: Sensorama 19-81 | Descarga “Retrato de un desconocido”
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